La evaluación musical

La evaluación es una herramienta implantada de forma general en todo nuestro sistema educativo. Cuando hablamos de música, el sistema de evaluación es realmente complejo: hay demasiadas discrepancias y vacíos en cuanto a su aplicación. No obstante, en el campo del aprendizaje musical queda mucho por explorar aún sobre la evaluación de los conocimientos musicales e instrumentales.

El motivo que ha desencadenado esta reflexión proviene de la incapacidad de explicarme cómo numerosos alumnos a los que he tenido el placer de enseñar, han obtenido en el mismo periodo de tiempo resultados artístico-musicales sobresalientes en su desarrollo instrumental y musical, pero han fracasado en las evaluaciones de la asignatura de música que se imparte en el instituto. Hablo de alumnos que leen perfectamente las notas, conocen las figuras, los diferentes términos musicales que definen el tempo, las dinámicas, etc.; alumnos que sobresalen por sus interpretaciones y su interés por la música en un contexto de enseñanza no reglado.

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Alumnos creativos y músicos que disfrutan interpretando, creando e improvisando música no aprueban la asignatura de música en el instituto.

¿Cómo se puede explicar este fenómeno?

Para resolver esta pregunta debemos hacer un recorrido por los contenidos asociados a la asignatura de música que se practica en los colegios e institutos. Si tenemos la oportunidad de ojear algunos libros de texto de la asignatura de música, podemos observar que los contenidos no se corresponden de ninguna manera a la música tal como se enseña en cualquier otro contexto; los libros de texto de música responden a la teoría y a la historia musical desde un punto de partida teórico, nunca experimental.

Libros de texto dirigidos a niños y jóvenes de entre 12 y 18 años que pretenden enseñar la música desde los textos, la historia y la teoría. Este enfoque educativo olvida que la música es un lenguaje y que se ha de aprender como tal: es realmente pretencioso pretender que los jóvenes alumnos aprendan y tengan interés por la teoría y la historia de un lenguaje si nunca lo han experimentado.

Pero este no es el punto, sino la confusión de contenidos que lleva a alumnos experimentados y sobresalientes en la música suspender esta asignatura; porque no se aprendieron una melodía con la flauta o porque no conocían todas las formaciones musicales que se daban en el clasicismo. Es alarmante que los contenidos de la asignatura no hayan sido revisados, y que por esto tengan que padecer las consecuencias precisamente los alumnos que quizá podrían destacar más en el área musical. El nombre de la asignatura debería cambiar a “historia” o “teoría de la música” para que fuera coherente con el programa establecido.

Hoy en día cada vez hay más profesores interesados en renovarse y aprender a enseñar y a evaluar. La evaluación es una herramienta que afecta de forma directa al desarrollo curricular y personal del alumno; no se deben tomar a la ligera sus consecuencias.

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