¿Alumnos difíciles? Con mucho amor…

Hace ya unos años que se viene hablando de conductas difíciles, de jóvenes indisciplinados, rebeldes y desafiantes; malos hábitos y comportamientos dañinos en las escuelas; pérdida del respeto hacia la figura del profesor y hacia los padres… Durante los últimos quince años o más se ha dado un fenómeno de pérdida de disciplina creciente, que progresivamente se ha hecho notar en las aulas y en los hogares, obligando a reflexionar acerca de los métodos y corrientes educativas y a idear nuevas formas de entender al alumno, a la figura del profesor y a la educación en sí misma.

Una de las cosas que hemos aprendido durante todo este tiempo es que no es tan importante como nos habían inculcado a nosotros, los adultos, el aprendizaje por contenidos; lo que realmente nosotros debemos y podemos aportar como educadores a las nuevas generaciones es nuestra experiencia y herramientas para ser capaces de hacer, capaces de estudiar, capaces de tener relaciones sanas, capaces de mantener un trabajo, capaces de perseguir y lograr objetivos, etc.

Esta nueva manera de trabajar hace que cierto porcentaje de alumnos se sienta a gusto y evolucione, con mayor velocidad y agilidad que la que nosotros recordamos en nuestros tiempos; ¿pero qué pasa con esos alumnos que no entran en esta dinámica, que no encajan?. Los alumnos que no asimilan este nuevo orden educativo tienen necesidades diferentes, siendo este motivo que adoptan actitudes que “boicotean” las clases y las actividades.

¿Quién no ha visto un caso de alumno que no se contenta con nada, que llega a la clase enfadado y lo transmite, que quiere lo que no tiene, que no desea estar en el lugar en el que está, etc.? Estos alumnos no tienen necesidades educativas especiales porque no padecen una discapacidad o enfermedad del tipo psicológico o neuronal, pero en cambio, no pueden adaptarse a la normalidad de las clases. ¿Cómo podemos actuar?

Lo primero es entender que estos alumnos están creciendo y formándose, y que les podemos ayudar más de lo que nos pensamos. Paradójicamente, este tipo de alumno, cuando se porta mal es castigado y expulsado, y es cierto que esta manera de actuar es un pequeño arreglo momentáneo que nos permite a los educadores o cuidadores sostener una clase en una situación crítica, pero tenemos que comprender que expulsar a estos alumnos no conlleva beneficios.

Los alumnos que más necesitan de la figura del profesor son los que sufren más expulsiones de las clases y escuelas.

Adopta una estrategia diferente:

  • Identifica y observa las habilidades de estos alumnos. Cada persona es buena en alguna cosa siempre, sin duda; identificar las habilidades de un alumno problemático nos permite valorar a esta persona de otra manera, y visualizarla realizando cosas positivas.
  • Comparte tus impresiones positivas, ¿por qué no?. Los alumnos problemáticos están acostumbrados a oír lo mal que lo hacen, lo poco que se adaptan, etc. Cambiar la dinámica nos situará en un lugar favorable para seguir actuando, se bajarán las barreras del niño o adolescente.
  • Expresa en alto las buenas cualidades que has podido observar, especialmente si son excepciones ocurridas dentro de una tónica de actuación negativa. Reconoce también delante del resto de compañeros lo bien que este alumno problemático en cuestión puede llegar a hacer las cosas.
  • Sé sincero: no regales adulaciones vacías. La sinceridad es vital en estos casos: puedes empezar a discriminar entre cuándo las cosas están bien y cuando no han estado tan bien. Se trata de ayudar a el alumno problemático a identificar las actuaciones negativas, teniendo presente siempre las positivas, no de hacerle la pelota a nadie.

    Utilizar un vocabulario siempre positivo evitará que el alumno se sienta atacado y ofendido.

  • Trata de utilizar un vocabulario positivo. Esta parte de nuestra tarea es muy complicada, porque estamos acostumbrados a corregir y nuestro vocabulario adquiere malas maneras: en lugar de decir que algo está mal se puede expresar que podría estar mejor, que puede mejorar, que aunque está bien hay detalles que hay que cambiar, etc.
  • Muestra que tienes confianza, que crees en su poder de mejorar y evolucionar. En las situaciones complicadas, cuando uno no sabe bien por donde tirar, la confianza y apoyo de una persona externa te puede empujar al éxito.
  • Transmite la confianza a su propia persona ayudando a visualizarse a sí mismo logrando cambios, felicitándole y motivándole siempre que los haya. Si una persona se imagina logrando una meta, las posibilidades de que esto ocurra se amplifican, igual que si se imagina incapaz de lograrlo.
  • Acompaña durante el proceso. Las personas nos encontramos en una continua evolución, siempre cambiantes. Es importante que el educador como adulto acompañe en el aprendizaje, que refuerce el crecimiento de la persona, aceptando y permitiendo que los cambios se sucedan al ritmo necesario.
  • Cierra y despídete de la relación creada; la intervención se acaba. Ahora se podrá construir otro tipo de relación entre vosotros, pero es importante que se cierre lo que se creó, que concluya. Ya te necesitó y le ayudaste, pero ahora necesita otras cosas y es necesario que se le permita descubrirlas solo.
  • Revisa que las nuevas relaciones que se creen, tanto las que el alumno en cuestión establezca contigo como con el resto de personas a partir de este momento, sean sanas: no deben rescatar malos hábitos. Es posible que de vez en cuando tengas que recordarle cómo se sucedieron los acontecimientos, aunque mejor si esto no es necesario.

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Los alumnos con dificultades de comportamiento, de actitud y de conducta, suelen sufrir bajas autoestimas, ausencias de cariño o de personas importantes o referentes, etc. Expulsar a estos alumnos tan solo logrará que el enojo que sienten aumente, que se sientan realmente malos, incapaces, que no pueden lograr cosas mejores.

Como educadores y responsables que somos debemos de tratar que estos alumnos puedan crecer como el resto, ayudarles a encontrar la mejor manera de adaptarse: necesitan quererse a sí mismos para dejar que una persona externa les quiera también.

Encontrar una actividad artística como la música, la pintura o la danza, que les motive, puede ayudar en el trabajo, acompañando al proceso y a la persona. Realizar una actividad creativa permitirá que las emociones se muevan, que entren y salgan, y facilitará que se desvanezcan los bloqueos.

¿Y qué sucede con el resto de la clase que ha sido testigo y parte en el conflicto?

Los alumnos o compañeros que han compartido el proceso, y han sufrido el comportamiento destructivo de uno de sus compañeros no quedan exentos del aprendizaje. Se ha de tener en cuenta, que  todos forman parte de un grupo, y por lo tanto, no son responsables de las acciones de sus compañeros, pero si de las suyas propias.

Si abordamos la situación de una manera como la descrita anteriormente, en la que podemos  y debemos verbalizar la situación, normalizarla, expresando las virtudes y dificultades que han surgido ante la clase, también es nuestra labor orientar al resto de los alumnos sobre la mejor manera de actuar para ayudar a esta persona a la que le está costando un poco más adaptarse. Es un buen momento para incidir en la manera en la que nos comunicamos: todos los pasos descritos anteriormente pueden aplicarse al resto de la clase, ya que como son parte del grupo, son parte también de la solución.; el aprendizaje se sucede de un modo comunitario.

En una situación como esta, no se debe mirar un responsable y un grupo de víctimas, sino una oportunidad de crecer todos juntos. Obviamente, si la situación es extrema o hay unas dificultades de comportamiento que indican alguna patología o trastorno, se tendrá que delegar a un equipo de profesionales preparado y cualificado para reconducir este tipo de casos.

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